martes, 21 de abril de 2026

Crítica de"No me llames traidor"

UNA NOVELA INQUIETANTE, DE RITMO ÁGIL Y ADICTIVO

Por Cantabria Literaria

Hay Thrillers que entretienen... y otros que te obligan a dudar de todo. No me llames traidor pertenece claramente a este segundo grupo. Fernando Rueda, con décadas investigando los entresijos de los servicios secretos, construye aquí una historia que se mueve en un terreno incómodo: ese lugar donde la verdad nunca es única y la lealtad siempre tiene matices.

Tres versiones, ninguna definitiva.
La novela gira en torno a Beto Romero, un agente del servicio secreto español que acaba detenido y acusado de traición. A partir de ahí, todo se rompe. Y lo más interesante no es solo lo que ocurre, sino cómo se cuenta: 
-La versión del propio Beto, que defiende su inocencia.
-La del servicio secreto, que lo señala sin fisuras.
-Y la de un periodista que intenta reconstruir lo ocurrido.
Tres miradas distintas. Tres relatos que encajan... y chocan al mismo tiempo.
Aquó no hay respuestas fáciles. Cada página abre una duda nueva.

Entre la lealtad y la sospecha.
Uno de los grandes aciertos del libro es cómo plantea el conflicto central: ¿Qué significa realmente traicionar? Porque en el mundo del espionaje nada es limpio. Las decisiones se toman en silencio, los límites se difuminan y las consecuencias llegan tarde... pero llegan.
La novela no busca dar una única verdad, sino poner al lector en una posición incómoda: la de tener que decidir en qué cree.

Un thriller con pulso real.
Se nota que detrás hay un periodista que conoce el terreno. La historia está inspirada en hechos reales, y eso se percibe en cada detalle: operaciones encubiertas, luchas internas dentro de los servicios de inteligencia, presión política, ese ambiente donde todos observan... y todos desconfían.
El resultado es una trama que avanza con tensión constante, sin perder nunca ese aire de realidad que la hace todavía más inquietante.

Ritmo, tensión y mirada crítica.
La narración es ágil, directa, muy fácil de seguir, pero con fondo. No es solo un libro de espías: es también una reflexión sobre el poder, sobre el control de la información y sobre hasta dónde puede llegar un país para protegerse.
Y, de fondo, una pregunta que sobrevuena toda la historia: ¿Y si la traición no fuera tan simple como parece?

Por qué leerlo.
-Triller de espionaje con base real.
-Estructura original con tres versiones enfrentadas.
-Ritmo ágil y muy adictivo.
-Reflexión potente sobre la verdad y la lealtad.

En resumen.
No me llames traidor es una novela que engancha, pero sobre todo, que incomoda.
Te hace avanzar rápido... y pensar después.
Una lectura muy recomendable para quienes disfrutan del espionaje, pero también para quienes buscan historias donde la verdad no está escrita en blanco y negro, sino en una escala de grises difícil de ignorar.

lunes, 16 de febrero de 2026

 "NO ME LLAMES TRAIDOR", TRES VERSIONES, UNA VERDAD IMPOSIBLE

Un thriller sobre el precio de la lealtad y el poder corrosivo de la duda

Beto Romero, agente del servicio secreto español, ha pasado media vida infiltrado, negociando en las sombras y moviéndose en la frontera borrosa entre la lealtad y la mentira. Hasta que un día todo salta por los aires: es detenido, señalado como traidor y acusado de vender secretos a Rusia. España entera lo señala. Él lo niega. Nadie le cree
En la cárcel, Beto ofrece su versión: una historia de sacrificios, misiones imposibles y decisiones que nunca podría contar en voz alta. El servicio secreto español tiene otra muy distinta: documentos, pruebas y un relato contundente que lo señala como el mayor agente doble de las últimas décadas. Y entre ambos se mueve una tercera versión, la de un periodista que busca descifrar la línea que separa al héroe del traidor.
Cada versión abre una puerta distinta. Cada verdad contradice a la anterior. Y detrás de todas ellas late una red de espionaje, operaciones encubiertas, agentes dobles, caza de brujas y secretos capaces de poner en jaque la seguridad nacional de todo un país. 
("No me llames traidor" llega a las librerías el 11 de marzo) https://bit.ly/4t0ySCV

sábado, 2 de noviembre de 2024

¿Quieres leer las primeras páginas de "Líneas rojas"?



Preámbulo 

Una voz del pasado 

1 de marzo de 2002, en un lugar desconocido 

—¡Despierta, vamos, chico, deja de dormir! Corres peligro en esta habitación, en esta casa. No es un sueño, está pasando de verdad. Han salido hacia aquí, vienen a por ti. ¡Vamos!, espabila. Se te acaba el tiempo. Te van a pillar los israelíes. Los has jodido, desean hacértelo pagar. Deprisa, quieren matarte, huye. ¿Es que no me oyes? ¡Migueeeeeel! 

Mikel Lejarza, alterado, abre los ojos con el pánico metido en el cuerpo. Está sudando, sujeta el embozo de la sábana a la altura de la boca. Busca moviendo los ojos a la mujer que ha hablado. Respira aceleradamente, escucha las pulsaciones de su corazón sobresaltado, no comprende nada. Se incorpora en la cama. Mira su reloj de muñeca, las 3.53 de la madrugada. Hora capicúa, buena suerte. Aparta la ropa, lanza los pies al suelo y permanece sentado unos segundos mientras intenta asimilar la situación. ¿Dónde estoy? ¿Qué hice ayer? ¿Por qué puedo estar en peligro? Lleva treinta años durmiendo mal, necesita tiempo para despejarse, pero hoy no puede permitírselo. Con una celeridad nada habitual, se mete el polo por la cabeza, se enfunda los vaqueros, se calza los mocasines, se pone la cazadora y sale apresuradamente. En el recibidor agarra con urgencia el pomo de la puerta que da a la calle y antes de presionarlo hacia abajo se frena. Piensa en avisar a los dueños de la casa: «Me voy, vienen a matarme, quizá sea una falsa alarma». Desecha la idea. No se despide, mejor no asustarlos.

(Sique aquí: https://www.penguinlibros.com/es/libro-de-biografias/350374-libro-lineas-rojas-9788419449016/fragmento )

domingo, 22 de septiembre de 2024

"Líneas rojas" (I): conspiración real 

"La casa de papel"



La mezcla de ficción y realidad está muy presente en mi nuevo libro "Líneas rojas", el número 18 tras la salida hace 31 años del ya clásico "La Casa", el primero que se publicó en España sobre los servicios secretos. Es un true crime porque la conspiración que narro, por muy sorprendente que pueda parecer, está inspirada en un hecho real y allí estuvo metido Mikel Lejarza, el mejor espía de la historia de España  Y porque los protagonistas de esta historia coral, que acompañan a El Lobo en esta aventura,  los he recuperado de entre las mejores mujeres y hombres que han estado infiltrados en organizaciones terroristas y mafiosas.  Personajes intensos, llenos de aristas, que se mueven en un ambiente y ritmo que a mis jefas en Roca Editorial les recordó fenómenos como la serie "La casa de papel".

"Líneas rojas" es un libro que habla de un tema de rabiosa actualidad, que nos toca a todos en el día a día: ¿Qué seríamos capaces de hacer y qué no en determinadas situaciones límite  en nuestras vidas? Lejarza dirige un equipo con los mejores infiltrados que han demostrado que nadie vale más que ellos. Aunque todos han tenido que pagar un tributo porque en su vida pasada, mientras trabajaban rodeados de todo tipo de delincuentes, tuvieron que traspasar la línea roja, lo que, de una forma u otra, los dejó psicológicamente tocados.

martes, 7 de abril de 2020

Algunos secretos de "Nuestro hombre en Bagdad"


El 9 de abril de 2003, hace 17 años, las tropas estadounidenses llegaron al corazón de Bagdad y pusieron fin al gobierno de Sadam Husein, el temible dictador cuyas fechorías durante decenas de años conocían perfectamente Alberto Martínez y José Antonio Bernal, los dos agentes españoles que hasta el inicio de la invasión habían sido las antenas en Irak del CNI, el Centro Nacional de Inteligencia. Es una fecha trascendental porque marca un antes y un después para la vida de esos dos agentes entregados a su trabajo, con muchos sueños por cumplir y con la responsabilidad sobre sus hombros de informar al Gobierno de lo que pasaba en las alcantarillas de Bagdad.
Hace años descubrí que ese momento debía ser el centro de la investigación que estaba llevando a cabo sobre el asesinato de ocho espías en Irak y que terminaría convirtiéndose en mi novela true crime "Destrucción Masiva, Nuestro hombre en Bagdad".
Porque hace 17 años, los dos principales protagonistas del relato que ha publicado Roca Editorial estaban esperando en España a que acabara la invasión para regresar. Lo que habían vivido, como narro en el libro, había sido una etapa dura y conflictiva, habían soportado la persecución implacable de los agentes de la Mujabarat, habían conectado con los sectores más violentos de los grupos chiitas y habían conectado con muchos jefes tribales. A muchos les habían tenido que soltar sobres con billetes, pero eso era lo normal en muchas misiones de espías en países árabes y en muchos que no lo eran.
Sabían, sin embargo, que el regreso sería radicalmente distinto. Muchas de sus fuentes y una gran parte de sus "conocidos", habían pasado a la clandestinidad y se habían unido a la insurgencia, lo que entrañaba un riesgo reconocible: les tenían perfectamente identificados y sus vidas correrían peligro.
Ninguno de los dos dieron un paso atrás. La madre de Bernal le pidió que no regresara, pero él le dijo esa frase que tanto me emocionó la primera vez que la escuché: "Mamá, hay Dios en todas partes". Su madre, su padre y yo interpretamos lo que cualquiera que lea "Destrucción Masiva": José Antonio regresó a Irak dispuesto a entregar su vida.
Alberto Martínez, al que llegaron a calificar como "Nuestro hombre en Bagdad", y de ahí el subtítulo de la novela, siempre tuvo un conflicto interno entre la necesidad vital de acompañar a su mujer y a su hijo, y la urgencia de cumplir con su trabajo. Antes de regresar a Bagdad tras la invasión estadounidense, supo que sus vidas iban a correr peligro, igual que lo supieron los altos mandos del CNI. Estos optaron por enviarles porque nadie como ellos les podían facilitar la información que necesitaban. No minimizaron el riesgo, pero lo colocaron detrás de sus necesidades.
A esa fecha clave del 9 de abril, seguirían otras menos importantes para el mundo, pero sí para mi narración. Por ejemplo el 21 de abril, cuando el presidente Aznar hizo la siguiente afirmación en TVE: "Estoy absolutamente convencido de que esas armas (de destrucción masiva), que existen, acabarán apareciendo". Como he contado a lo largo de la promoción, desgraciadamente interrumpida por el maldito virus, Martínez y Bernal habían informado al CNI y estos a Aznar de que no existían esas armas.
Me he preguntado algunas veces, cuando uno hace análisis de sus propias palabras, si Aznar pudo llegar a creerse que esas armas existían. Puedo aceptarlo pensando que cada uno se cree lo que le da la gana, pero guiado exclusivamente por sus ansias de colocar a España, y colocarse él, a un nivel internacional nunca soñado.
Seguiré contando historias sobre "Destrucción Masiva". Mientras, os dejo el interesante y cuidado podcast que ha elaborado el equipo de Roca Editorial, en el que incluye la dramatización de algunos textos.

https://www.ivoox.com/conversamos-fernando-rueda-autor-destruccion-masiva-audios-mp3_rf_49665535_1.html

martes, 29 de enero de 2019

"Yo confieso: 45 años de espía", los primeros datos

1974: Mikel Lejarza es captado por el servicio secreto para infiltrarse en ETA con el alias de El Lobo.
2019: Con otro nombre, Mikel Lejarza sigue trabajando para el CNI.
Esta es su vida. Esta es la historia.
Mikel Lejarza ha guardado silencio sobre su vida hasta este momento. Ahora ha decidido desvelar en primera persona en el libro Yo confieso todo lo que ha hecho y todo por lo que ha pasado en 45 años de agente secreto. Ha escrito, con la ayuda del periodista Fernando Rueda, unas memorias duras, sinceras, en las que por primera vez cuenta todo lo que ha sido su vida, sin olvidarse de los momentos amargos, de su éxitos e, incluso, de aquellas actuaciones de las que no está especialmente satisfecho.
Yo confieso es un libro humano en el que Mikel ha querido que Mamen, su mujer, confidente y compañera en algunas de sus misiones, aporte su visión personal sobre los hechos, recordando los momentos vividos en una relación complicada, como no podía ser otra que la vivida por una mujer que ha compartido 40 años con el agente más antiguo que tienen los servicios secretos españoles.

jueves, 29 de noviembre de 2018

Carlos Baró, el aguerrido espía novio de la muerte asesinado en Irak

El comandante Carlos Baró Ollero era un apasionado de La Legión y de su himno “El novio de la muerte”. También era un fan incondicional de Joaquín Sabina y de todas sus canciones pecadoras.
Carlos y sus siete compañeros del CNI fueron atacados en Irak por un número superior de enemigos, con armas de larga distancia, entre ellas un lanzagranadas, ante las que no tenían nada que hacer al portar solo pistolas y un fusil. Cercados, Baró llegó a ese punto límite que separa una actuación militar razonable de una heroica.
Tomó el mando tras ser acribillado a balazos Martínez, el jefe natural, impartió rápidas órdenes desplegando por el terreno a sus compañeros vivos, telefoneó a sus mandos para pedir ayuda, se lanzó al suelo y no paró de disparar contra los enemigos. Murió luchando, defendiendo la posición más adelantada. En ningún momento pensó en la huida dejando atrás a los heridos.
         Uno de sus compañeros militares, de alias “Peserice”, describe sus últimos momento en su blog “Desde mi embarrada trinchera en Empel”: “Carlos murió como quería, como un auténtico soldado y no con el cuerpo arrugado por los años, con una sonda metida en el culo y mirando, si es que pudiese ver, el techo de un hospital”.
         Baró consiguió las dos estrellas de seis puntas de teniente en 1991. Nunca pensó en llevar una carrera tranquila, sino que soñó con desempeñar los más peligrosos puestos de combate. Se hizo paracaidista y de operaciones especiales y consiguió ser destinado a La Legión.
         Los momentos que más unen a los militares son los que pasan en circunstancias extremas. Así lo cuenta el citado amigo: “A mediados de los noventa tuve el honor de convivir once intensos meses con Carlos en el Curso de Operaciones Especiales: yo teniente recién salido de la academia, él casi capitán destinado en La Legión. Dicen que el curso envejece tres años al que lo realiza. Carlos, “Goliardo”, su nombre de guerra, estaba llamado para algo grande. Excepcional en el plano físico e intelectual, respiraba liderazgo y virtudes militares. Era, para muchos de nosotros, el teniente que queríamos llegar a ser. Un ‘perro de la guerra’ de los que te gusta tener cerca cuando vienen mal dadas”.
         En octubre de 1998 entró en la División de Acción Operativa del entonces CESID. Trabajar diariamente con la tensión que conlleva el trabajo del espionaje era sin duda un gran estímulo para él. Esas personas que llegan con una formación tan alta es la que busca cualquier agencia de espionaje.
         En 2003 pidió una de las plazas que se habían convocado en el CNI para prestar servicio en Irak, con la misión de proteger a las tropas españolas. Él mismo resumió su trabajo en Irak en una carta dirigida a sus más íntimos el 6 de octubre: “Querida familia: aquí todo sigue normal, es decir todo lo normal que puede ser la vida de un espía en Irak. Lo recordaré como el año que comí arroz con pollo unos días y pollo con arroz otros, que compré un taxi de 1979, perseguí espías del legendario y temible servicio secreto Mukhabarat, compré voluntades entre los jeques de una tribu, hice fotografías a los miembros de Al Qaeda desde mi taxi cuando salían de la mezquita, me entrevisté clandestinamente con líderes chiitas radicales, traté con traficantes de armas, asesinos a sueldo, recorrí Bagdad a ritmo de Sabina, compré un coche de los fedayines de Sadam con varias matrículas, me confeccioné la documentación de mi propio coche, desayuné higaditos de pollo con huevos duros y pan, bebí cerveza camuflada en lata de refresco, fotografié casas seguras de leales al régimen desde un helicóptero, vestí como un árabe, conduje peligrosamente y sin matrículas, merendé dátiles con coca cola, viví a 57ºC, bebí cinco litros de agua al día sin mear ni gota, aprendí lo importante que es tener electricidad, viajé siempre con las armas preparadas…”
         Su estancia en la tierra que perteneció a Sadam fue intensa y se vio truncada el 29 de noviembre por el atentado que le costó la vida junto a otros seis compañeros. En Madrid, Carlos tuvo dos funerales bien distinto. El primero, compartido con los agentes asesinados, fue de carácter civil, en la sede del CNI. El segundo, con su familia y amigos, de carácter más castrense. Sus amigos cantaron “El novio de la muerte”, el himno de La Legión.
         El acto final todavía no había llegado. Carlos le había pedido a su hermano que si algún día le pasaba algo quería que sus cenizas fueran esparcidas por sus compañeros paracaidistas, con los que frecuentemente quedaba para saltar en las afueras de Madrid. Su hermano les pidió ser él quien abriera la urna a cientos de metros de altura, para lo que saltó en un avión agarrado por uno de sus incondicionales amigos.
         Fue su última voluntad a la que tiempo después le siguió un homenaje que le habría encantado. Su admirado Joaquín Sabina le hizo una poesía que incluyó en su libro “A vuelta de correo”: “Mi hermano Carlos –escribe el cantautor- tenía, como todos los agentes secretos, un nombre en clave: “Baracoa”. La familia me ha autorizado a rimarlo, pero no a leer su diario. Estoy hablando de tres generaciones de agentes especiales que sabían que una tumba anónima era mejor que una estatua (…) Maldita guerra de Irak”.