"El yihadista vasco". Así titulaba hace unos días Gerardo Elorriaga en "El Correo" la crítica a mi novela "El regreso de El Lobo". Hacía referencia al hecho de "la conversión del infiltrado en un musulmán radicalizado" que "constituye un original punto de partida de la novela". A lo que añadía que la obra goza de "una notable sensación de credibilidad, favorecida por la construcción de los personajes".
He tenido la suerte de que las críticas hasta el momento han destacado que "constituye una de las aportaciones más atractivas de los últimos tiempos al género del espionaje". Pero también Mikel Lejarza ha sido el centro de atención a raíz de la publicación del libro. Se ha recordado su arriesgada peripecia en el seno de ETA, las veces que escuchó el silbido de una bala dirigida a él que por suerte equivocó el rumbo, incluso se ha habladode ese desazón que le produjo el comportamiento de los mandos de su propio servicio secreto. "Cuántas veces me habré preguntado para qué", escribe al final de "El regreso de El Lobo".
Como contador de historias que investigo en las alcantarillas del poder, creo justo reconocer que con frecuencia hay gente a la que le disgusta el contenido de los que contamos. Cuando los temas están cerca de nuestra forma de concebir el mundo los aplaudimos, pero no si son historias que consideramos benefician a nuestros enemigos.
En el Festival de Cine de San Sebastián que comienza el 19 de septiembre, se estrena la película "Lasa y Zabala". Basándose en los documentos del juicio, según especifica su director Pablo Malo, cuenta la verídica historia de dos miembros de ETA que fueron secuestrados en Bayona por miembros de la Guardia Civil y trasladados a España donde fueron torturados y finalmente asesinados.
Ya antes delegar a las salas de cine la película se ha visto envuelta en polémica por haber sido financiada por instituciones controladas por la izquierda abertzale y por el gobierno vasco del PNV.
Habrá que esperar a ver la película, pero de entrada hay que respetar el derecho de cualquier creador a hacer una película basada en hechos reales y en una parte de la historia española que no nos gusta a muchos y que por suerte fue desterrada de la lucha antiterrorista. A veces, los que tienen que ser los buenos, se convierten en malos. Fueron pocos, pero eso también forma parte de las alcantarillas del poder. Como periodista de investigación defenderé siempre el derecho de todos a contar historias, siempre que reajusten a la verdad.
martes, 16 de septiembre de 2014
lunes, 1 de septiembre de 2014
La historia de una foto: 40 años después de infiltrarse en ETA, Lejarza posa para una foto como aparece en "El regreso de El Lobo"
Mi novela "El regreso de El Lobo", que llegará a las librerías el 4 de septiembre, aparece justamente en el momento en que se cumplen 40 años del momento en que el joven vasco Mikel Lejarza comienza sus gestiones para intentar infiltrarse en ETA. No sabe nada de la banda terrorista y sus instructores del SECED -posteriormente CESID y CNI- desconocen casi todo de su funcionamiento.
Hace un año, tras concluir el original, le entregué una copia a Mikel para que la leyera. Él es el protagonista de una historia de ficción que arranca en Dubai tras los atentados del 11-S y aunque es un personaje que pertenece ya a la historia de España, creí que debía leerla antes de su publicación.
Mikel dio su visto bueno y un par de meses después me anunció que por esas cosas de la casualidad iba a viajar a Dubai, donde tiene lugar la acción de la primera mitad de la novela -el resto transcurre en Nueva York-. Pícaro como es, no tardó en enviarme una foto en la que aparecía vestido con la kantora, el traje típico que llevan los dubaitíes. Le pedí que se hiciera fotos para poder utilizarlas cuando saliera el libro y generosamente
así lo hizo.
Mikel es amigo de sus amigos, una cualidad que apreciamos sobre manera todos los que tenemos el placer de compartir momentos con él. Vive en la clandestinidad y nunca dejará de hacerlo para evitar que cualquier loco, por mucha tregua de ETA que haya, intente acabar con su vida. Por eso tiene un mérito especial que haya accedido a difundir una foto suya.
40 años sirviendo a España en misiones tan arriesgadas similares a la que refleja la novela, le han convertido en el agente más valioso que ha tenido el servicio secreto español en toda su historia. Algún día el gobierno le reconocerá su trabajo. Si no lo hace, la historia de España estará incompleta.
Hace un año, tras concluir el original, le entregué una copia a Mikel para que la leyera. Él es el protagonista de una historia de ficción que arranca en Dubai tras los atentados del 11-S y aunque es un personaje que pertenece ya a la historia de España, creí que debía leerla antes de su publicación.
Mikel dio su visto bueno y un par de meses después me anunció que por esas cosas de la casualidad iba a viajar a Dubai, donde tiene lugar la acción de la primera mitad de la novela -el resto transcurre en Nueva York-. Pícaro como es, no tardó en enviarme una foto en la que aparecía vestido con la kantora, el traje típico que llevan los dubaitíes. Le pedí que se hiciera fotos para poder utilizarlas cuando saliera el libro y generosamente
así lo hizo.
Mikel es amigo de sus amigos, una cualidad que apreciamos sobre manera todos los que tenemos el placer de compartir momentos con él. Vive en la clandestinidad y nunca dejará de hacerlo para evitar que cualquier loco, por mucha tregua de ETA que haya, intente acabar con su vida. Por eso tiene un mérito especial que haya accedido a difundir una foto suya.
40 años sirviendo a España en misiones tan arriesgadas similares a la que refleja la novela, le han convertido en el agente más valioso que ha tenido el servicio secreto español en toda su historia. Algún día el gobierno le reconocerá su trabajo. Si no lo hace, la historia de España estará incompleta.
jueves, 28 de agosto de 2014
"El regreso de El Lobo", que nunca se fue, 40 años después
Nunca se ha ido, pero los españoles lo desconocen. Siempre ha estado ahí, con rostro desconocido, engordando o adelgazando, con barba o sin ella, vestido con traje, chillaba o en chanclas. Unas veces se infiltraba en grupos terroristas, otras en mafias, algunas en grupos de blanqueo de dinero...
Mikel Lejarza, alias El Lobo, fue un jovencito que se infiltró en ETA hace 40 años, pensando que tenía en las manos la posibilidad de acabar con la mayor lacra que había padecido su pueblo, el País Vasco. Y casi lo consigue: más de 200 detenidos, ingente infraestructura descubierta y su modo de operar por primera vez al descubierto.
Muchos pensaron que tras este éxito desapareció para dedicarse a regentar una tienda de ropa, a cuidar de sus hijos o a trabajar para una multinacional. Nada más alejado de la realidad. Por sus venas corría el alma de un espía que era el mejor en lo que hacía: integrarse en grupos fuera de la ley, ganarse su confianza, contarlo todo y que otros procedieran a las detenciones. Nada se contaba posteriormente en la prensa de su trabajo. Los agentes oscuros del servicio secreto son así: solucionan problemas y luego desaparecen. Eso sí, si les pillan durante su labor, negarán ser espías y el servicio de inteligencia para el que trabajan se hará el sordo.
El CNI -y antes el CESID y el SECED- tiene muchos agentes como El Lobo, pero ninguno que haya estado tantos años padeciendo la tensión de ser continuamente otra persona, con miedo a hablar en sueños y delatarse y con problemas físicos crónicos como la sudoración excesiva o los problemas de estómago. Sin mencionar su complicada vida familiar, siempre clandestina, siempre con sumo cuidado.
En la primera crítica literaria publicada sobre mi nueva novela "El regreso de El Lobo" se afirma: "En el libro, y en la realidad, siempre hubo una queja por su parte de que las autoridades no le trataron como se merecía. En España no sabemos reconocer a nuestros héroes y los corruptos políticos, con sus tejemanejes, han primado más sus intereses que los de la población. En la novela, esta queja sobrevuela por casi todas sus páginas. Y algo de verdad habrá cuando lo dice el mayor especialista sobre nuestro sistema de inteligencia". http://www.todoliteratura.es/noticia/7398/CRITICAS/El-regreso-de-El-Lobo-de-Fernando-Rueda.html
Mikel Lejarza se ha convertido por merecimientos propios en el protagonista de una novela que tiene, según la crítica de "Todo Literatura" "un ritmo entre desbordante y reflexivo", "su principal virtud es la verosimilitud" y "es una novela inteligente donde el perfil sicológico de los protagonistas predomina en la trama".
40 años después de su famosa infiltración en ETA, El Lobo regresa. Aunque nunca se fue.
Mikel Lejarza, alias El Lobo, fue un jovencito que se infiltró en ETA hace 40 años, pensando que tenía en las manos la posibilidad de acabar con la mayor lacra que había padecido su pueblo, el País Vasco. Y casi lo consigue: más de 200 detenidos, ingente infraestructura descubierta y su modo de operar por primera vez al descubierto.
Muchos pensaron que tras este éxito desapareció para dedicarse a regentar una tienda de ropa, a cuidar de sus hijos o a trabajar para una multinacional. Nada más alejado de la realidad. Por sus venas corría el alma de un espía que era el mejor en lo que hacía: integrarse en grupos fuera de la ley, ganarse su confianza, contarlo todo y que otros procedieran a las detenciones. Nada se contaba posteriormente en la prensa de su trabajo. Los agentes oscuros del servicio secreto son así: solucionan problemas y luego desaparecen. Eso sí, si les pillan durante su labor, negarán ser espías y el servicio de inteligencia para el que trabajan se hará el sordo.
El CNI -y antes el CESID y el SECED- tiene muchos agentes como El Lobo, pero ninguno que haya estado tantos años padeciendo la tensión de ser continuamente otra persona, con miedo a hablar en sueños y delatarse y con problemas físicos crónicos como la sudoración excesiva o los problemas de estómago. Sin mencionar su complicada vida familiar, siempre clandestina, siempre con sumo cuidado.
En la primera crítica literaria publicada sobre mi nueva novela "El regreso de El Lobo" se afirma: "En el libro, y en la realidad, siempre hubo una queja por su parte de que las autoridades no le trataron como se merecía. En España no sabemos reconocer a nuestros héroes y los corruptos políticos, con sus tejemanejes, han primado más sus intereses que los de la población. En la novela, esta queja sobrevuela por casi todas sus páginas. Y algo de verdad habrá cuando lo dice el mayor especialista sobre nuestro sistema de inteligencia". http://www.todoliteratura.es/noticia/7398/CRITICAS/El-regreso-de-El-Lobo-de-Fernando-Rueda.html
Mikel Lejarza se ha convertido por merecimientos propios en el protagonista de una novela que tiene, según la crítica de "Todo Literatura" "un ritmo entre desbordante y reflexivo", "su principal virtud es la verosimilitud" y "es una novela inteligente donde el perfil sicológico de los protagonistas predomina en la trama".
40 años después de su famosa infiltración en ETA, El Lobo regresa. Aunque nunca se fue.
lunes, 7 de julio de 2014
El director del CNI supo qué hacer para engatusar al Gobierno
Disculpad que no escribiera antes sobre la reelección del director del CNI, Félix Sanz, pero he tenido que dedicar un pequeño esfuerzo a mi nuevo libro "El regreso de El Lobo" que llegará a las librerías a primeros de septiembre y cuyo impactante book trailer habéis recibido tan bien (https://www.youtube.com/watch?v=on0P3cyCSE0).
Ya había adelantado que el Gobierno iba a darle un segundo mandato de cinco años, aunque solo cumplirá hasta que el ejecutivo que salga de las próximas elecciones generales nombre a su sustituto. No soy un adivino, lo decían los datos y hasta el propio Sanz lo dio por hecho en alguna reunión con periodistas. Lo principal es que ha evitado los escándalos y eso vale sin duda un segundo reinado. Alguien que sale de la comisión de control del Congreso y consigue que hasta el representante de Izquierda Unida hable bien de él, es que dedica tiempo a explicar su trabajo y a engatusar (dicho en el mejor de los sentidos).
Cuentan que lo está haciendo bien y los datos que conocemos así lo atestiguan. Consiguió discretamente la liberación de los tres periodistas secuestrados en Siria, apoyó a la monarquía en el complicado caso Urdangarín, mantiene permanentemente informados a la vicepresidenta de las novedades que se van a producir en Cataluña...
Y ha hecho lo más difícil: salir con habilidad de los charcos que podían ensuciarle. Como es el caso de la ayuda a la NSA de Estados Unidos en su espionaje masivo por medios electrónicos. Se demostró que el CNI dispone de tecnología avanzada y que la utiliza a veces en beneficio de terceros. Sin duda, a cambio de ayudas de esos países a España. Pero el hecho es que nadie entró al trapo contra él.
Su habilidad en las distancias cortas le ha granjeado el apoyo del Gobierno. Si consigue evitar un escándalo en sus filas, será el primer director del servicio secreto español desde la llegada de la democracia que salga por la puerta grande. Le queda año y medio.
Ya había adelantado que el Gobierno iba a darle un segundo mandato de cinco años, aunque solo cumplirá hasta que el ejecutivo que salga de las próximas elecciones generales nombre a su sustituto. No soy un adivino, lo decían los datos y hasta el propio Sanz lo dio por hecho en alguna reunión con periodistas. Lo principal es que ha evitado los escándalos y eso vale sin duda un segundo reinado. Alguien que sale de la comisión de control del Congreso y consigue que hasta el representante de Izquierda Unida hable bien de él, es que dedica tiempo a explicar su trabajo y a engatusar (dicho en el mejor de los sentidos).
Cuentan que lo está haciendo bien y los datos que conocemos así lo atestiguan. Consiguió discretamente la liberación de los tres periodistas secuestrados en Siria, apoyó a la monarquía en el complicado caso Urdangarín, mantiene permanentemente informados a la vicepresidenta de las novedades que se van a producir en Cataluña...
Y ha hecho lo más difícil: salir con habilidad de los charcos que podían ensuciarle. Como es el caso de la ayuda a la NSA de Estados Unidos en su espionaje masivo por medios electrónicos. Se demostró que el CNI dispone de tecnología avanzada y que la utiliza a veces en beneficio de terceros. Sin duda, a cambio de ayudas de esos países a España. Pero el hecho es que nadie entró al trapo contra él.
Su habilidad en las distancias cortas le ha granjeado el apoyo del Gobierno. Si consigue evitar un escándalo en sus filas, será el primer director del servicio secreto español desde la llegada de la democracia que salga por la puerta grande. Le queda año y medio.
viernes, 27 de junio de 2014
Idioteces sobre el CNI y la captación de confidentes en Galicia
Disfruté un montón de la historia de El Confidencial Digital. Hicieron con talento su trabajo: contar la historia que la Asociación de Presos de Resistencia Galega había denunciado en contra del CNI (http://www.elconfidencialautonomico.com/galicia/colectivo-Resistencia-Galega-CNI-confidente_0_2295370457.html).
Aluciné, tengo que reconocerlo: Un independentista ha denunciado que el CNI intentó captarle. Hasta ahí todo normal y cien por cien creíble, pues esa es la forma de trabajar de los espías. Captan a alguien que está dentro, le convencen por las buenas o por las malas de que les pase información y le estrujan todo lo que pueden. Para conseguirlo, le prometen ayuda en procesos judiciales en marcha, dinero o cualquier cosa a la que este se avenga.
Lo increíble de la historia fueron los detalles del intento de captación fracasado. J.M.P. cuenta que conducía su coche por las calles de Vigo cuando le interceptó otro vehículo. Un hombre "que se identificó con un documento del Ministerio del Interior" le pidió que le acompañara a comisaría. Como se negó, allí mismo le ofreció cualquier cosa que necesitara a cambio de que se convirtiera en confidente del CNI.
Tal y como cuenta la historia J.M.P. puedo afirmar, sin temor a equivocarme, que nadie del CNI, ni siquiera un agente chapuza -que habría sido ya expulsado-, pudo llevar a cabo semejante estropicio. Conseguir un informante conlleva una larga labor de preparación y estudio, acercarse a él en un momento apropiado -siempre con cierta privacidad para que no pueda montar un follón- y con una estrategia para saber cuál es su punto débil y atacarla por ahí. Jamás interceptar un coche y llevarlo a comisaría.
Además, los agentes del CNI utilizan nombres falsos en los acercamientos, sin enseñar jamás su acreditación, que no es del Ministerio del Interior sino una propia en que pone claramente que es del CNI. Si en algún momento no quieren especificar claramente que son espías, lo que hacen es decir que son "agentes de presidencia del Gobierno", no del Ministerio del Interior.
Lo siento J.M.P. y Asociación de presos de Resistencia Galega. No dudo de que el CNI tenga topos allí metidos y que pueda intentar meter más, pero denunciar un caso como éste carente de credibilidad ha sido un grave error. Busquen a los topos que tienen dentro y desenmascárenlos, pero antes consigan pruebas. De las buenas.
Aluciné, tengo que reconocerlo: Un independentista ha denunciado que el CNI intentó captarle. Hasta ahí todo normal y cien por cien creíble, pues esa es la forma de trabajar de los espías. Captan a alguien que está dentro, le convencen por las buenas o por las malas de que les pase información y le estrujan todo lo que pueden. Para conseguirlo, le prometen ayuda en procesos judiciales en marcha, dinero o cualquier cosa a la que este se avenga.
Lo increíble de la historia fueron los detalles del intento de captación fracasado. J.M.P. cuenta que conducía su coche por las calles de Vigo cuando le interceptó otro vehículo. Un hombre "que se identificó con un documento del Ministerio del Interior" le pidió que le acompañara a comisaría. Como se negó, allí mismo le ofreció cualquier cosa que necesitara a cambio de que se convirtiera en confidente del CNI.
Tal y como cuenta la historia J.M.P. puedo afirmar, sin temor a equivocarme, que nadie del CNI, ni siquiera un agente chapuza -que habría sido ya expulsado-, pudo llevar a cabo semejante estropicio. Conseguir un informante conlleva una larga labor de preparación y estudio, acercarse a él en un momento apropiado -siempre con cierta privacidad para que no pueda montar un follón- y con una estrategia para saber cuál es su punto débil y atacarla por ahí. Jamás interceptar un coche y llevarlo a comisaría.
Además, los agentes del CNI utilizan nombres falsos en los acercamientos, sin enseñar jamás su acreditación, que no es del Ministerio del Interior sino una propia en que pone claramente que es del CNI. Si en algún momento no quieren especificar claramente que son espías, lo que hacen es decir que son "agentes de presidencia del Gobierno", no del Ministerio del Interior.
Lo siento J.M.P. y Asociación de presos de Resistencia Galega. No dudo de que el CNI tenga topos allí metidos y que pueda intentar meter más, pero denunciar un caso como éste carente de credibilidad ha sido un grave error. Busquen a los topos que tienen dentro y desenmascárenlos, pero antes consigan pruebas. De las buenas.
miércoles, 18 de junio de 2014
No está escrito que el CNI deba informar al rey Felipe VI
El nombramiento del nuevo rey trae a colofón un tema importante relacionado con el servicio de inteligencia. El CNI, desde la creación de su antecesor el Cesid en 1977, siempre ha informado puntualmente al rey Juan Carlos de todo lo que ha sabido. Lo hicieron los tres primeros directores militares antes del golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, incluyéndole cualquier tema de cualquier asunto del que se enteraban.
Lo hizo Emilio Alonso Manglano, director de "La Casa" tras la intentona, llegando incluso a apuntarle con el número 1 de los ejemplares clasificados que enviaba a las quince máximas autoridades de la nación.
Siguió la estela Félix Miranda, que apenas estuvo unos meses en el cargo y retomó los mimos Javier Calderón, que como todos sus antecesores se pasaba periódicamente por el palacio de la Zarzuela para despachar asuntos de interés público y privado del monarca.
El primer civil Jorge Dezcallar llegó al puesto con el visto bueno del rey. Era un gran cambio en el Cesid, que tras él pasó a llamarse CNI y a experimentar grandes cambios. Tan buena fue su relación, que su nombre sonó varias veces para el cargo de jefe de la Casa Real.
Alberto Saiz no conocía al rey cuando fue nombrado para el cargo tras los atentados del 11-M, pero pronto se dio cuenta de la importancia de llevarse bien con él, ayudarle en todo lo que pidiera y tenerle al tanto de los asuntos más graves. Incluso don Juan Carlos se lo llevó alguna vez de caza para que pudiera hablar con un banquero portugués de su interés.
Tras la llegada nuevamente de un general, Félix Sanz, la relación no ha podido ser mejor. Le ha ayudado a resolver el tema de Urdangarín y los diversos ataques que ha recibido la monarquía en los últimos años.
Ahora llega Felipe VI, que espera mantener esa buena relación y no hay motivo para que cambie. Sanz seguirá acudiendo a Zarzuela para informarle de todo y para preguntarle si necesita información de alguna cosa. Eso lo hará consciente de que el artículo 1 de la Ley 11/2002 que regula el CNI establece que son el "organismo público responsable de facilitar al presidente del Gobierno y al Gobierno de la nación las informaciones, análisis, estudios o propuestas que permitan prevenir y evitar cualquier peligro, amenaza o agresión contra la independencia o integridad territorial de España, los intereses nacionales y la estabilidad del Estado de derecho y sus instituciones". ¿Dónde aparece el rey?
Lo hizo Emilio Alonso Manglano, director de "La Casa" tras la intentona, llegando incluso a apuntarle con el número 1 de los ejemplares clasificados que enviaba a las quince máximas autoridades de la nación.
Siguió la estela Félix Miranda, que apenas estuvo unos meses en el cargo y retomó los mimos Javier Calderón, que como todos sus antecesores se pasaba periódicamente por el palacio de la Zarzuela para despachar asuntos de interés público y privado del monarca.
El primer civil Jorge Dezcallar llegó al puesto con el visto bueno del rey. Era un gran cambio en el Cesid, que tras él pasó a llamarse CNI y a experimentar grandes cambios. Tan buena fue su relación, que su nombre sonó varias veces para el cargo de jefe de la Casa Real.
Alberto Saiz no conocía al rey cuando fue nombrado para el cargo tras los atentados del 11-M, pero pronto se dio cuenta de la importancia de llevarse bien con él, ayudarle en todo lo que pidiera y tenerle al tanto de los asuntos más graves. Incluso don Juan Carlos se lo llevó alguna vez de caza para que pudiera hablar con un banquero portugués de su interés.
Tras la llegada nuevamente de un general, Félix Sanz, la relación no ha podido ser mejor. Le ha ayudado a resolver el tema de Urdangarín y los diversos ataques que ha recibido la monarquía en los últimos años.
Ahora llega Felipe VI, que espera mantener esa buena relación y no hay motivo para que cambie. Sanz seguirá acudiendo a Zarzuela para informarle de todo y para preguntarle si necesita información de alguna cosa. Eso lo hará consciente de que el artículo 1 de la Ley 11/2002 que regula el CNI establece que son el "organismo público responsable de facilitar al presidente del Gobierno y al Gobierno de la nación las informaciones, análisis, estudios o propuestas que permitan prevenir y evitar cualquier peligro, amenaza o agresión contra la independencia o integridad territorial de España, los intereses nacionales y la estabilidad del Estado de derecho y sus instituciones". ¿Dónde aparece el rey?
jueves, 12 de junio de 2014
Policía y CNI, a tiro limpio (como siempre)
Nunca se han llevado bien. Ellos lo saben, sus jefes lo saben y el presidente del Gobierno del momento lo sabe. Poco hay que hacer, excepto dar la orden en algunos lugares de ser más discretos. Porque lo que hay en estos momentos -igual que hace 40, 30, 20 o 10 años- es una guerra declarada entre la Policía y el CNI.
El motivo que ha desatado que la guerra silenciosa pase a desarrollarse en el cuadrilátero público de los medios de comunicación ha sido la participación activa del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) en la denuncia contra nueve policías por el "caso Emperador". Una de sus agentes, con el original nombre de "María", presionó a uno de los jefes de la trama, Yongping Wu Liu, para que contara todo lo que sabía contra uno de los policías.
A partir de ese momento, han aparecido informaciones en contra del CNI criticando sus fallos a la hora de conseguir información valiosa para el Gobierno. Incluso se han filtrado datos que van contra su director, Félix Sanz, hablando de la necesidad de que sea sustituido por un civil cuando dentro de unas semanas caduque el periodo de 5 años para el que fue nombrado.
El CNI se mantiene en silencio, no quiere que nadie diga que devuelven las balas lanzadas desde el lado de la Policía. Es una forma de decir que ellos hacen su trabajo y que son otros los que tratan de enmerdar la situación.
Es una vieja guerra que nunca ha parado, aunque en muchos periodos no se note porque los jefes políticos la han impedido. Los policías de los servicios de información y los agentes del CNI tienen muchos terrenos en que compiten por conseguir información: terrorismo de ETA y yihadista, investigación de la corrupción, temas internacionales...
Por mucho que ejecutivos del PP y PSOE lo hayan intentado en algunas ocasiones, los dos grupos no solo no comparten información, sino que esconden la que consiguen. Nunca se han fiado. Fueron llamados al orden cuando esa falta de colaboración facilitó que no se impidieran los atentados terroristas del 11-M. Durante un tiempo bajaron la cabeza y colaboraron algo más, pero duró poco.
La guerra se ha vuelto a desatar. Tiene pinta de que va a ganar el CNI, como lo ha hecho con frecuencia. Su director, Félix Sanz, tiene mucha más influencia en el palacio de la Moncloa que el director de la Policía, Ignacio Cosidó o el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz. Resolver los trapos sucios del Gobierno en las alcantarillas tiene sus ventajas.
El motivo que ha desatado que la guerra silenciosa pase a desarrollarse en el cuadrilátero público de los medios de comunicación ha sido la participación activa del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) en la denuncia contra nueve policías por el "caso Emperador". Una de sus agentes, con el original nombre de "María", presionó a uno de los jefes de la trama, Yongping Wu Liu, para que contara todo lo que sabía contra uno de los policías.
A partir de ese momento, han aparecido informaciones en contra del CNI criticando sus fallos a la hora de conseguir información valiosa para el Gobierno. Incluso se han filtrado datos que van contra su director, Félix Sanz, hablando de la necesidad de que sea sustituido por un civil cuando dentro de unas semanas caduque el periodo de 5 años para el que fue nombrado.
El CNI se mantiene en silencio, no quiere que nadie diga que devuelven las balas lanzadas desde el lado de la Policía. Es una forma de decir que ellos hacen su trabajo y que son otros los que tratan de enmerdar la situación.
Es una vieja guerra que nunca ha parado, aunque en muchos periodos no se note porque los jefes políticos la han impedido. Los policías de los servicios de información y los agentes del CNI tienen muchos terrenos en que compiten por conseguir información: terrorismo de ETA y yihadista, investigación de la corrupción, temas internacionales...
Por mucho que ejecutivos del PP y PSOE lo hayan intentado en algunas ocasiones, los dos grupos no solo no comparten información, sino que esconden la que consiguen. Nunca se han fiado. Fueron llamados al orden cuando esa falta de colaboración facilitó que no se impidieran los atentados terroristas del 11-M. Durante un tiempo bajaron la cabeza y colaboraron algo más, pero duró poco.
La guerra se ha vuelto a desatar. Tiene pinta de que va a ganar el CNI, como lo ha hecho con frecuencia. Su director, Félix Sanz, tiene mucha más influencia en el palacio de la Moncloa que el director de la Policía, Ignacio Cosidó o el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz. Resolver los trapos sucios del Gobierno en las alcantarillas tiene sus ventajas.
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