Ayer nos quedamos muchos estupefactos. La noticia y las imágenes eran para llorara. En Venezuela fue detenido, con un despliegue de medios propio de un ataque yihadista, el alcalde de Caracas, Antonio Ledezma. Decenas de uniformados entraron violentamente en el edificio donde tenía su despacho y con todo tipo de violencia se lo llevaron sin que mediara una odien judicial.
Hay muchas cosas que comentar sobre el caso, pero hoy quería referirme a un aspecto: los que detuvieron al alcalde acusado de conspirar contra el régimen venezolano fueron miembros del servicio secreto del país, que parece que se lo llevaron a su sede situada en el centro de la capital.
La actuación de los espías en estos casos es algo que no ocurre en los países democráticos. En España a nadie se le ocurre que el CNI proceda a detener a nadie. Su misión es conseguir información que ayude al gobierno a tomar decisiones. Si en sus pesquisas obtiene datos concretos para detener a terroristas de cualquier grupo, le pasa la información a la Policía o Guardia Civil, que judicializan el tema y proceden en consecuencia.
Otra cosa es lo que ocurre en las dictaduras. Ejemplos históricos como la Gestapo de la Alemania nazi o los servicios secretos de Argentina y Chile durante las dictaduras militares, demuestran que se usa al espionaje como policía política para investigar, detener, torturar y matar a los opositores al régimen. Lo espías no deben estar para eso. Y si lo están es porque el régimen ha perdido el norte y necesita cuerpos represores para mantenerse en el poder y acabar con la oposición interna. ¡Qué pena!
viernes, 20 de febrero de 2015
martes, 10 de febrero de 2015
La historia que no se cuenta de Falciani, el hombre que sacó a la luz las cuentas secretas en Suiza
Herve Falciani es el experto informático francoitaliano, nacido en Mónaco, cuya información ha permitido desatar en España las últimas
operaciones contra la corrupción, como la recientísima “Operación Púnica”, a
cuya cabeza estaba el ex político Francisco Granados. Su historia comienza en 2006 cuando el
banco suizo HSBC le encarga reforzar el sistema de seguridad del banco.
Para este tipo de puestos se designa a
personas de la máxima confianza y Falciano lo era, aunque no se comportó como
tal. Tuvo acceso a 130.000 cuentas opacas pertenecientes a hombres y
mujeres influyentes en todo el mundo que escondían miles de millones evadidos a
los impuestos de sus países u originados en delitos inconfesables de todo tipo.
Meter su
dinero en el HSBC era legal en Suiza, pero ilegal en el resto del mundo. Así que monta un dispositivo para robar
todo tipo de información que cruzada informáticamente permita identificar a los
poseedores de esas cuentas.
Su objetivo es vender esa información y
sacarse un dinero. En 2008 hace un
primer intento de venta en el extranjero, pero no mide bien los riesgos y la
policía suiza es alertada. Los datos no son suficientes para identificarle,
pero es interrogado y lo niega todo. Sabe ya que es cuestión de tiempo que le
detengan y huye a Francia, donde su nacionalidad francesa impedirá que le
extraditen.
No obstante, es detenido en un primer momento por
una orden internacional de búsqueda lanzada desde Suiza, pero en prisión negocia con el servicio secreto francés. Inmunidad a
cambio de facilitarles los datos que afectan a ciudadanos franceses. Falciani
entra en el mundo de los agentes oscuros. Numerosos
potentados franceses son descubiertos y empiezan a pagar cientos de millones de
euros para evitar la cárcel, mientras los suizos se quejan sin que en Francia
nadie atienda sus reclamaciones.
En ese momento entra en escena el CNI
español. Llega a un acuerdo con el informático para facilitarte todo tipo
de ayuda a cambio de que les facilita la
lista con los 659 españoles con cuentas opacas que han operado en los diez años
anteriores con el HSBC. A cambio le garantizan una tranquila estancia en
prisión para guardar las formas y toda
la protección necesaria. No es que Suiza vaya a intentar matarle, pero hay
130.000 implicados en delitos de evasión fiscal a los que se les podría ocurrir
cometer una locura.
Desde el
momento en que el CNI consigue traerlo a España, tanto sus agentes como
policías especializados en corrupción mantienen largas entrevistas con él para
recibir sus datos, al mismo tiempo de que se consigue que los jueces no le
extraditen amparándose en que no hay pruebas solventes de su robo.
Los grandes
casos de corrupción que ya habían explotado en España en 2012 y otros que
afloran posteriormente tienen un apoyo increíble en la información obtenida por
Falciani. Personas como el banquero Emilio Botín con cuentas en Suiza regularizan
su situación y otros sumarios se activan
como el de la trama Gurtel, la operación Campeón y el caso de las ITV en
Cataluña. Y más recientemente, el caso Púnica que ahora está todos los días
en los medios de comunicación.
Herve Falciani se ha
convertido en un protegido del CNI y de otros servicios secretos, pero también
en uno de los hombres más odiados por los implicados de todo el mundo en redes de
corrupción. Y el más querido por partíos como Podemos, que lo van a utilizar como imagen de la lucha contra la corrupción.
miércoles, 4 de febrero de 2015
¿Espía el CNI a Podemos y la Policía a Bárcenas?
El mundo de las alcantarillas del poder trata de conseguir información sobre los temas que afectan al Gobierno utilizando cualquier herramienta a su alcance. Ha sido así siempre y lo seguirá siendo toda la vida. En las últimas semanas han aparecido dos noticias especialmente conflictivas. En una de "El Confidencial Digital" se apuntaba el temor de los dirigentes de Podemos de estar controlados por agentes del CNI. En otra, de "El Mundo", el comisario Villarejo ha denunciado que en Asuntos Internos de la Policía se ha investigado la información que Bárcenas podía esconder sobre las actividades sucias del Partido Popular.
En los dos casos, la experiencia apoya la verosimilitud de las denuncias. El Gobierno tiene razones suficientes para necesitar información sobre ambos casos, porque puede afectar a su estabilidad. En el caso de Podemos porque es un movimiento que levanta preocupación en muchos países occidentales por sus propuestas revolucionarias como la de sacar a España de la OTAN. Digan lo que digan, es un tema que afecta profundamente a la estabilidad del país tal y como lo concebimos, argumento suficiente para desplegar las redes del servicio secreto sobre ellos. Eso sí, como Podemos es una organización legal, siempre habrá que desmentirlo.
El argumento es más complicado de explicar en el caso de Bárcenas, pues si bien es cierto que sus denuncias afectan al Gobierno, en realidad el más afectado sería el Partido Popular. La historia de la democracia no tiene muchos casos en los que sectores de la Policía hayan entrado en estos temas, principalmente porque al moverse en el terreno de la ilegalidad, se suelen dejar en manos de los espías. El secreto es más propio de ellos y cuentan con la ventaja de que no tienen la cultura de la Policía de trabajar para los jueces y dentro de los límites de la legalidad. Muchos han pensado que si la creación de los GAL se hubiera encargado al entonces CESID y no a la Policía, el tema nunca habría sido descubierto.
Difícilmente sabremos si es real el espionaje a Podemos porque estas cosas el CNI las hace muy bien, pero lo de Bárcenas, con un policía cabreado como Villarejo, que es un fontanero experto, es otra cosa. Han intentado implicarle en la trama del "pequeño Nicolás" y no les va a perdonar. Este sí puede ser un gran escándalo político.
En los dos casos, la experiencia apoya la verosimilitud de las denuncias. El Gobierno tiene razones suficientes para necesitar información sobre ambos casos, porque puede afectar a su estabilidad. En el caso de Podemos porque es un movimiento que levanta preocupación en muchos países occidentales por sus propuestas revolucionarias como la de sacar a España de la OTAN. Digan lo que digan, es un tema que afecta profundamente a la estabilidad del país tal y como lo concebimos, argumento suficiente para desplegar las redes del servicio secreto sobre ellos. Eso sí, como Podemos es una organización legal, siempre habrá que desmentirlo.
El argumento es más complicado de explicar en el caso de Bárcenas, pues si bien es cierto que sus denuncias afectan al Gobierno, en realidad el más afectado sería el Partido Popular. La historia de la democracia no tiene muchos casos en los que sectores de la Policía hayan entrado en estos temas, principalmente porque al moverse en el terreno de la ilegalidad, se suelen dejar en manos de los espías. El secreto es más propio de ellos y cuentan con la ventaja de que no tienen la cultura de la Policía de trabajar para los jueces y dentro de los límites de la legalidad. Muchos han pensado que si la creación de los GAL se hubiera encargado al entonces CESID y no a la Policía, el tema nunca habría sido descubierto.
Difícilmente sabremos si es real el espionaje a Podemos porque estas cosas el CNI las hace muy bien, pero lo de Bárcenas, con un policía cabreado como Villarejo, que es un fontanero experto, es otra cosa. Han intentado implicarle en la trama del "pequeño Nicolás" y no les va a perdonar. Este sí puede ser un gran escándalo político.
martes, 20 de enero de 2015
El fichero de control de pasajeros no habría evitado los grandes atentados yihadistas
Se está hablando mucho de la necesidad de crear un gran fichero de pasajeros de avión (PNR) en los países europeos para hacer frente a la creciente amenaza yihadista. El Gobierno español lo defiende ardientemente, al igual que otros muchos países europeos, especialmente tras los atentados de París.
Su utilidad tiene un claro fin para esta lucha antiterrorista: identificar a los militantes de Al Qaeda, Estado Islámico y otro grupos que viajan a Europa para cometer atentados.
No obstante, esta medida no es la panacea que soluciona el problema. Lo que nadie parece recordar es que en los grandes atentados de esta índole cometidos durante el siglo XXI la existencia de ese archivo no habría evitado nada. Porque tanto en los atentados de Nueva York, Madrid, Londres y París, los terroristas eran ciudadanos o residentes en esos países. En la mayor parte de los casos, estaban fichados por las policías y los servicios de inteligencia locales. Y, además, les habían tenido bajo vigilancia tiempo antes de cometer sus salvajadas.
Los servicios de seguridad españoles reaccionaron tras el 11-M consiguiendo que en los últimos diez años no se haya vuelto a producir otro atentado. Han detenido a más de un centenar de sospechosos y han conseguido controlar a los grupos peligrosos. Claro que pretendieron volver a atacar nuestro convivencia, como cuando intentaron colocar bombas en el Metro de Barcelona, pero no lo consiguieron. Y todo esto sin el gran fichero PNR.
Sí creo que será de ayuda en la lucha contra el yihadismo, pero me produce picores pensar que ese fichero sea utilizado por los servicios inteligencia para otras cosas. La historia de los últimos años ha demostrado que la CIA ha justificado en su lucha contra el terrorismo intromisiones en la intimidad de gobiernos latinoamericanos e incluso en el espionaje a Ángela Merkel.
Que acabar con los malos no nos lleve a cerrar los ojos.
Su utilidad tiene un claro fin para esta lucha antiterrorista: identificar a los militantes de Al Qaeda, Estado Islámico y otro grupos que viajan a Europa para cometer atentados.
No obstante, esta medida no es la panacea que soluciona el problema. Lo que nadie parece recordar es que en los grandes atentados de esta índole cometidos durante el siglo XXI la existencia de ese archivo no habría evitado nada. Porque tanto en los atentados de Nueva York, Madrid, Londres y París, los terroristas eran ciudadanos o residentes en esos países. En la mayor parte de los casos, estaban fichados por las policías y los servicios de inteligencia locales. Y, además, les habían tenido bajo vigilancia tiempo antes de cometer sus salvajadas.
Los servicios de seguridad españoles reaccionaron tras el 11-M consiguiendo que en los últimos diez años no se haya vuelto a producir otro atentado. Han detenido a más de un centenar de sospechosos y han conseguido controlar a los grupos peligrosos. Claro que pretendieron volver a atacar nuestro convivencia, como cuando intentaron colocar bombas en el Metro de Barcelona, pero no lo consiguieron. Y todo esto sin el gran fichero PNR.
Sí creo que será de ayuda en la lucha contra el yihadismo, pero me produce picores pensar que ese fichero sea utilizado por los servicios inteligencia para otras cosas. La historia de los últimos años ha demostrado que la CIA ha justificado en su lucha contra el terrorismo intromisiones en la intimidad de gobiernos latinoamericanos e incluso en el espionaje a Ángela Merkel.
Que acabar con los malos no nos lleve a cerrar los ojos.
jueves, 18 de diciembre de 2014
La crueldad del espionaje entre Estados Unidos y Cuba
Si dos países son aliados, el espionaje se mueve por las alcantarillas con dureza soterrada y activismo discreto. Pero si dos países son enemigos, los zarpazos de sus espías adquieren una crueldad llevada hasta sus últimos extremos. Por desgracia para Estados Unidos y especialmente para Cuba, sus relaciones en los últimos 50 años han estado presididas por el espionaje y no por los diplomáticos.
Los presidentes de Estados Unidos, uno tras otro sin excepción, han permitido a sus servicios secretos, y especialmente a la CIA, llevar a cabo operaciones de las que cualquier ser humano con sentimientos habría aborrecido.
Todo empezó con un intento de golpe de Estado en Bahía de Cochinos, en el que un par de miles de exiliados y otros combatientes latinoamericanos, impulsados por la CIA, desembarcaron en Cuba para quitar a un recién llegado Fidel Castro. Fue tal el desastre, que el presidente Kennedy echó la bronca al director de la CIA cuando descubrió que había enviado a toda esa gente al matadero.
Después vinieron las mil y una formas de matar a Castro, envenenándole los puros o aliándose con la mafia para asesinarle. Más tarde, inventaron formas para conseguir un pretexto para la invasión, como simular que había atacado la base estadounidense de Guantánamo o que había lanzado misiles contra un avión norteamericano lleno de estudiantes.
La siguiente fase, menos enloquecida pero muy agresiva, fue presidida por el apoyo a los exiliados cubanos en Miami y fomentar la oposición en la isla mediante el respaldo a cualquier disidencia interna. Unas medidas que coincidieron con la activación del espionaje de los Castro para responder a sus disidentes, allí donde eran fuertes, en Miami.
La Red Avispa que montaron con agentes que se hicieron pasar por disidentes, engañó, manipuló y provocó muertes en las filas de esos otros cubanos que siempre fueron anticastristas y que luchaban por traer la democracia a su país.
Los dos bandos han mostrado en estos 50 años una falta de escrúpulos muy típica en el mundo del espionaje, pero más difícil de entender entre los políticos, especialmente los elegidos democráticamente en el caso de Estados Unidos.
El canje de espías no se ha hecho en un puente de Alemania, como era habitual en la Guerra Fría, pero supone el primer gesto de buena voluntad entre los dos países. El servicio de inteligencia y la diplomacia española han ayudado a Estados Unidos en los últimos años y en algún momento debería salir a la luz pública esa cooperación secreta que generó tanta tensión entre España y Cuba.
Los presidentes de Estados Unidos, uno tras otro sin excepción, han permitido a sus servicios secretos, y especialmente a la CIA, llevar a cabo operaciones de las que cualquier ser humano con sentimientos habría aborrecido.
Todo empezó con un intento de golpe de Estado en Bahía de Cochinos, en el que un par de miles de exiliados y otros combatientes latinoamericanos, impulsados por la CIA, desembarcaron en Cuba para quitar a un recién llegado Fidel Castro. Fue tal el desastre, que el presidente Kennedy echó la bronca al director de la CIA cuando descubrió que había enviado a toda esa gente al matadero.
Después vinieron las mil y una formas de matar a Castro, envenenándole los puros o aliándose con la mafia para asesinarle. Más tarde, inventaron formas para conseguir un pretexto para la invasión, como simular que había atacado la base estadounidense de Guantánamo o que había lanzado misiles contra un avión norteamericano lleno de estudiantes.
La siguiente fase, menos enloquecida pero muy agresiva, fue presidida por el apoyo a los exiliados cubanos en Miami y fomentar la oposición en la isla mediante el respaldo a cualquier disidencia interna. Unas medidas que coincidieron con la activación del espionaje de los Castro para responder a sus disidentes, allí donde eran fuertes, en Miami.
La Red Avispa que montaron con agentes que se hicieron pasar por disidentes, engañó, manipuló y provocó muertes en las filas de esos otros cubanos que siempre fueron anticastristas y que luchaban por traer la democracia a su país.
Los dos bandos han mostrado en estos 50 años una falta de escrúpulos muy típica en el mundo del espionaje, pero más difícil de entender entre los políticos, especialmente los elegidos democráticamente en el caso de Estados Unidos.
El canje de espías no se ha hecho en un puente de Alemania, como era habitual en la Guerra Fría, pero supone el primer gesto de buena voluntad entre los dos países. El servicio de inteligencia y la diplomacia española han ayudado a Estados Unidos en los últimos años y en algún momento debería salir a la luz pública esa cooperación secreta que generó tanta tensión entre España y Cuba.
miércoles, 19 de noviembre de 2014
Leyenda falsa: la mayoría de los 25 Seals que mataron a Bin Laden están muertos por una maldición
Decir una falsedad hasta la extenuación no la convierte en real. Muchas leyendas urbanas se repiten tanto que la gente termina creyendo que son verdaderas. Una de las más recientes habla de la mala suerte que ha perseguido a los 25 militares de la elitista Seals que mataron a Bin Laden el 1 de mayo de 2011.
Tanto se está repitiendo que voy a intentar lanzar un rayo de luz sobre los datos auténticos y contrastados que hay sobre el tema, al margen de lo que los medios de comunicación internacionales han difundido.
La operación que facilitó a Hollywood la idea para rodar la película "Zero Dark Thirty" ("La noche más oscura") comenzó con el accidente de uno de los helicópteros que transportaba a los soldados, pertenecientes a la unidad Seals, una de las mejores del ejército estadounidense. Se cuenta que unos cuantos soldados perdieron la vida por esta causa, lo que es absolutamente falso: los únicos muertos que se produjeron fueron Bin Laden y algunas de las personas que le protegían o acompañaban.
Poco tiempo después, en julio, otro helicópteros destinado en los Seals sufrió un accidente mientras sobrevolaba Afganistán, según unos por una avería y según otros por culpa del fuego de los talibanes. Aunque los soldados pertenecían a la unidad que mató a Bin Laden, la 6, no hay ninguna certeza de que fueran los mismos que protagonizaron el asalto a la casa del emir de Al Qaeda en Pakistán. Principalmente porque no se sabe el nombre de los que participaron en la operación, salvo los que se han hecho públicos por ellos mismos. Un silencio evidente para poner a resguardo a las familias de los fallecidos.
Además, en estas unidades las rotaciones son brutales. Teniendo en cuenta que los que intervinieron en el asesinato de Bin Laden eran los más experimentados, lo que hace lógico que muchos se hubieran retirado en los meses siguientes.
Algún medio italiano, del que se hicieron eco otros internacionales, entre ellos los españoles, hablaban de que solo quedaban con vida dos soldados. Sin embargo, han sido tres los que han levantado el dedo para reclamar la atención sobre ellos. Uno, sin identificar, dijo que se encontraba al borde de la pobreza, sin pensión ni seguro médico. Otro, Matt Bissonette contó en un libro sus aventuras como Seals y se adjudicó haber disparado contra Bin Laden. Y un tercer, Robert O'Neill ha aparecido recientemente narrando los mismos hechos y asumiendo también la responsabilidad de matar al líder de los terroristas.
Puede haber muchas maldiciones y algunas deben ser tremendas, pero en este caso no ha existido. No saquemos deducciones que no podemos demostrar.
Tanto se está repitiendo que voy a intentar lanzar un rayo de luz sobre los datos auténticos y contrastados que hay sobre el tema, al margen de lo que los medios de comunicación internacionales han difundido.
La operación que facilitó a Hollywood la idea para rodar la película "Zero Dark Thirty" ("La noche más oscura") comenzó con el accidente de uno de los helicópteros que transportaba a los soldados, pertenecientes a la unidad Seals, una de las mejores del ejército estadounidense. Se cuenta que unos cuantos soldados perdieron la vida por esta causa, lo que es absolutamente falso: los únicos muertos que se produjeron fueron Bin Laden y algunas de las personas que le protegían o acompañaban.
Poco tiempo después, en julio, otro helicópteros destinado en los Seals sufrió un accidente mientras sobrevolaba Afganistán, según unos por una avería y según otros por culpa del fuego de los talibanes. Aunque los soldados pertenecían a la unidad que mató a Bin Laden, la 6, no hay ninguna certeza de que fueran los mismos que protagonizaron el asalto a la casa del emir de Al Qaeda en Pakistán. Principalmente porque no se sabe el nombre de los que participaron en la operación, salvo los que se han hecho públicos por ellos mismos. Un silencio evidente para poner a resguardo a las familias de los fallecidos.
Además, en estas unidades las rotaciones son brutales. Teniendo en cuenta que los que intervinieron en el asesinato de Bin Laden eran los más experimentados, lo que hace lógico que muchos se hubieran retirado en los meses siguientes.
Algún medio italiano, del que se hicieron eco otros internacionales, entre ellos los españoles, hablaban de que solo quedaban con vida dos soldados. Sin embargo, han sido tres los que han levantado el dedo para reclamar la atención sobre ellos. Uno, sin identificar, dijo que se encontraba al borde de la pobreza, sin pensión ni seguro médico. Otro, Matt Bissonette contó en un libro sus aventuras como Seals y se adjudicó haber disparado contra Bin Laden. Y un tercer, Robert O'Neill ha aparecido recientemente narrando los mismos hechos y asumiendo también la responsabilidad de matar al líder de los terroristas.
Puede haber muchas maldiciones y algunas deben ser tremendas, pero en este caso no ha existido. No saquemos deducciones que no podemos demostrar.
jueves, 6 de noviembre de 2014
Se va Alfonso Guerra: el castigo a la CIA por espiar su vida privada
Después de 50 años de actividad, Alfonso Guerra ha anunciado que deja la política. Su etapa más intensa fue durante los años en los que ocupó el puesto de vicepresidente del Gobierno, junto a Felipe González. Como recuerdo de aquellos años, hay un episodio relacionado con el mundo del espionaje poco conocido, pero que ayudó a cambiar la historia de España.
A mediados de los años 80, Guerra se convirtió en objetivo de la CIA. Decidieron elaborar un amplio dossier sobre él, sometiéndole a una estrecha vigilancia. Querían descubrir no solo sus encuentros públicos, sino todos los episodios de su vida privada. Buscaban asuntos con los que poder chantajearle y manipular sus actitudes a favor de los intereses norteamericanos. Para ello necesitaban información no solo del vicepresidente, sino de su mujer, sus hermanos y de todos los que le rodearan, incluidas algunas mujeres con las que se le había visto en algunas ocasiones.
Con ese objetivo, el agente "Gino" de la CIA se puso en contacto con "Jesús", que había sido jefe de seguridad del palacio de la Moncloa en tiempo de Adolfo Suárez. En cuanto fue tocado, "Jesús" se puso discretamente en contacto con el CESID -ahora CNI- para informar de las presiones de la CIA, quienes le solicitaron que siguiera el juego a "Gino" para acumular pruebas irrefutables. Así lo hizo y muy bien.
Felipe González fue informado por el director del CESID, Emilio Alonso Manglano, cuando no había dudas del juego sucio del espionaje de Estados Unidos. Su orden fue tajante: debían abandonar España el jefe de la delegación la CIA y todos los agentes que le acompañaban, un total de 8.
Nunca antes y nunca después se ha producido una medida de represalia tan tremenda contra la CIA en España. Y es que nunca se les había pillado investigando la vida privada de todo un vicepresidente, Alfonso Guerra, que en unos meses va a dejarla política.
A mediados de los años 80, Guerra se convirtió en objetivo de la CIA. Decidieron elaborar un amplio dossier sobre él, sometiéndole a una estrecha vigilancia. Querían descubrir no solo sus encuentros públicos, sino todos los episodios de su vida privada. Buscaban asuntos con los que poder chantajearle y manipular sus actitudes a favor de los intereses norteamericanos. Para ello necesitaban información no solo del vicepresidente, sino de su mujer, sus hermanos y de todos los que le rodearan, incluidas algunas mujeres con las que se le había visto en algunas ocasiones.
Con ese objetivo, el agente "Gino" de la CIA se puso en contacto con "Jesús", que había sido jefe de seguridad del palacio de la Moncloa en tiempo de Adolfo Suárez. En cuanto fue tocado, "Jesús" se puso discretamente en contacto con el CESID -ahora CNI- para informar de las presiones de la CIA, quienes le solicitaron que siguiera el juego a "Gino" para acumular pruebas irrefutables. Así lo hizo y muy bien.
Felipe González fue informado por el director del CESID, Emilio Alonso Manglano, cuando no había dudas del juego sucio del espionaje de Estados Unidos. Su orden fue tajante: debían abandonar España el jefe de la delegación la CIA y todos los agentes que le acompañaban, un total de 8.
Nunca antes y nunca después se ha producido una medida de represalia tan tremenda contra la CIA en España. Y es que nunca se les había pillado investigando la vida privada de todo un vicepresidente, Alfonso Guerra, que en unos meses va a dejarla política.
Suscribirse a:
Entradas
(
Atom
)