martes, 7 de julio de 2015

Por qué nos da miedo el CNI-CESID (I)

Acabo de publicar en los portales digitales mi libro "Por qué nos da miedo el CNI-CESID", un trabajo sobre el comportamiento de los servicios secretos españoles y los problemas que plantea de cara a la sociedad democrática en la que vivimos. Para esta edición he escrito un prólogo especial cuya primera parte reproduzco a continuación:
“No me conviene que me vean contigo”. El hombre de la máxima confianza del director del Centro Nacional de Inteligencia, Félix Sanz, me lanzaba el improperio una mañana del año 2014, cuando tras discutir por teléfono de una forma airada por el contenido de una de mis informaciones, le proponía limar nuestras diferencias quedando a desayunar.
Visto con la distancia que ofrece el paso del tiempo, el ex periodista metido a sucedáneo de espía, que pone en segundo lugar el derecho a la información para primar el deseo de cualquier agencia de espionaje de intentar controlar la información que sale en los medios de comunicación, cometió los mismos errores que algunos de sus antecesores y unos poquitos más. Para servir al espionaje, sus jefes le exigen juego duro y sucio, lo que le acerca a la figura del espía que siempre quiso ser, pero le aleja del papel de periodista. Quizás se equivocó al elegir profesión.
15 años después de la publicación del libro “Por qué nos da miedo el Cesid”, ahora llega a las librerías digitales “Por qué nos da miedo el CNI-Cesid”, que retoma la investigación que realicé en su momento y al que hemos añadido este prólogo especial.
Estudié en su momento el funcionamiento del servicio de inteligencia, llamado entonces Cesid, para tratar de esclarecer desde un punto de vista teórico sus aspectos más conflictivos. Para ello, llené cada una de sus páginas de operaciones, sucesos, anécdotas y vivencias personales, con el objetivo de explicar qué es lo que funcionaba bien de la agencia de espionaje y qué lo hacía mal o era un absoluto desastre.
He leído cada una de sus hojas y la foto fija publicada en su momento sigue sosteniéndose en su mayor parte. Casi diría que por desgracia, pero el paso de los años me ha enseñado que los servicios de inteligencia de todo el mundo tienen una forma de actuar connatural a su existencia y que no puede ser cambiada.
Si leemos los títulos de los cinco grandes capítulos, veremos que la conclusiones de entonces siguen siendo las conclusiones de hoy:
1. Las misiones importantes están siempre fuera de la ley.
2. El tenderete de RA.
3. El juguete del Gobierno.
4. Ni siquiera una democracia puede controlarles.
5. La prensa, controlada despiadadamente.
Los ejemplos con los que expliqué en su momento cada una de esas crudas afirmaciones, pertenecen a una época de nuestra historia que servirá para que el lector se haga una idea clara de cómo actúa el servicio secreto en las alcantarillas. Y el análisis de quien suscribe -al que mi querido amigo el periodista encubierto Antonio Salas se empeña en poner el calificativo de “Mayor espiólogo de España”-, sigue siendo válido, ha cambiado muy poco.

Digan lo que digan directores como Félix Sanz en defensa de la estricta legalidad de las actuaciones del CNI –por cierto, como han defendido todos y cada uno de sus antecesores-, el hecho es que La Ley de Secretos Oficiales les sigue sirviendo de parapeto para ocultar un trabajo sin duda necesario para una democracia, pero que con frecuencia requiere métodos ilegales, como explico en el capítulo 1. (continuará)

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