domingo, 30 de agosto de 2015

Lady Di: accidente o asesinato

Se cumplen 18 años de la muerte de Lady Di. Los enigmas sobre si fue asesinada o murió en un accidente involuntario siguen. Estos son los 10 elementos que permiten sospechar la existencia de una conspiración.
El 31 de agosto de 1997, Lady Di, una de las princesas más queridas de la historia, perdía la vida cuando circulaba en coche a gran velocidad por París con su novio, Dodi Al Fayed, intentando evitar la persecución de los paparazzi. Se había separado del príncipe Carlos y había comenzado una vida de apoyo a causas como la prohibición de las minas anti persona, que le granjearon el odio de muchos países y poderosos. Para colmo, se relacionaba sentimentalmente con musulmanes, algo aborrecido por la monarquía inglesa. Se había convertido en un estorbo, pero un estorbo aplaudido y respaldado por millones de personas en todo el mundo. Su muerte está plagada de enigmas.
1. Fue una conspiración de la familia real británica. La reina Isabel II nunca quiso que se divorciara de su hijo Carlos, que la engañó con otra desde el primer día. Eso no fue lo peor: se convirtió en una persona querida y admirada que eclipsaba la popularidad de cualquier otro miembro de la familia. Dirigido por el duque de Edimburgo, esposo de la reina, y ejecutado por el servicio secreto inglés, la sometieron a un control integral de 24 horas. Documentos conocidos de la red de espionaje por satélites Echelon prueban una vigilancia sobre ella el mismo día de su muerte cuando estaba en un barco en alta mar con Dodi Al Fayed, por lo que sabían que iba a viajar a París. Isabel II podía aguantar muchas cosas, pero no que se quedara embarazada de un árabe y su nieto reinara algún día teniendo un hermano musulmán.
Se ha hablado de la existencia del “Comité 300”, del que formaría parte la reina con miembros destacados de empresas, organizaciones internacionales y familias como los Rockefeller y Bush, que actúan secretamente en defensa de sus intereses y que estaban muy molestos con la princesa.
2. Lady Di anunció la forma en que Carlos quería matarla. El mayordomo y hombre de confianza de Lady Di, Paul Burrel, dio a conocer una carta tras su muerte en la que alertaba de lo que la podía pasar: “Mi marido planea un accidente de automóvil, un fallo de los frenos o heridas craneales porque así tendría vía libre para casarse”.
3. Embalsamada precipitadamente. Las horas posteriores al fallecimiento fueron de cierto caos. Hay que tomar decisiones que muchas veces son controvertidas y es el momento para manipular u ocultar pruebas. Lo más polémico fue sin duda la decisión de la patóloga Dominique Lecomte de embalsamar el cuerpo de la princesa, tras la realización de la autopsia, la misma noche del accidente, con lo que se contaminaron las pruebas de cara a una posterior investigación.
4. Embarazada y boda próxima. Uno de los motivos que pudo llevar al asesinato fue el embarazo de la princesa, algo que los análisis oficiales desmintieron. Un hijo que no sería de Dodi Al Fayed sino de su anterior novio, el hombre por el que estuvo dispuesta a abandonarlo todo, el cirujano musulmán Hasnat Khan, de cuya relación se ha filmado una película. Lady Di pretendía contraer matrimonio con Dodi Al Fayed, hijo de Mohamed, dueño de los almacenes Harrods y uno de los árabes más influentes en Gran Bretaña, mal visto por la reina Isabel II, a quien esa relación amorosa la ponía de los nervios por que perjudicaba la imagen de sus nietos e hijos de Diana.
5. La clave: el conductor borracho. Los fotógrafos que persiguieron el Mercedes donde iba Lady Di eran paparazzi avezados, que conducían sus motos a gran velocidad. El chófer Henri Paul aceleró a tope para darles esquinazo, pero en el túnel se le fue el control del coche y se estrelló. El análisis de su sangre mostró que había bebido tres veces más alcohol del permitido, es decir, iba borracho. A eso se atuvieron los investigadores para explicar el accidente: la responsabilidad fue suya. Sus padres lo negaron y defendieron que las muestras habían sido cambiadas en el hospital “quizás por mala voluntad”. La denuncia llevó a repetir la prueba comparando el ADN de los padres con el de Henri y se excluyó el cambio de muestras.
6. Presencia extraña del Mossad. La historia de Henri Paul es complicada. Dos meses antes del accidente fue contactado por un agente del Mossad enviado especialmente a París para captarle. Oficialmente necesitaban un informador en el Ritz, propiedad de Mohamed Al Fayed, en el que se hospedaban muchos adinerados e influyentes árabes. A Henri Paul le querían para muchas cosas, una de las cuales era alertar sobre las visitas de personajes influyentes. ¿Participó de alguna forma el Mossad en la muerte de Diana?
7. Un fallo inducido en los frenos. Un libro de un investigador ruso, Guennady Sokolov, aporta una visión técnica de lo que pudo pasar, inspirada por el espionaje soviético: agentes británicos desconectaron el sistema de frenos del vehículo, utilizando un sistema sofisticado al alcance solo de los más importantes servicios de inteligencia.
8. Un tirador del ejército británico. Hace un año, los ex suegros de un soldado británico perteneciente a una unidad de élite del ejército, los SAS, desvelaron que le había contado a su hija que su unidad había orquestado el asesinato de Lady Di. Aportaron una carta como prueba y Scotland Yard investigó, desestimando la teoría. Un tirador profesional podría haber disparado una escopeta laser que molestara la conducción del chofer.
9. El único superviviente del accidente pierde la memoria. El día del fallecimiento, Lady Di y su novio cenaron en el hotel Ritz de Paría. Había un nutrido grupo de fotógrafos esperándoles, por lo que acompañados de su chofer, Henri Paul, y de su guardaespaldas, Trevor Rees-Jones, se subieron a un Mercedes S280 e intentaron despistarlos. Un rato después se estrellaron contra uno de los pilares del túnel del Alma. Solo sobrevivió el escolta, que declaró no recordar lo que había pasado. Una falta de memoria que muchos consideran sospechosa, como si quisiera evitar meterse en líos.
10. “No hay pruebas ni las habrá”. La frase es de Felipe González a raíz del caso GAL, pero sirve perfectamente para el caso. Al margen de que fuera un accidente o no, lo que está claro es que hubo una conspiración contra Diana,. La “Operación Paget”, como se denomina a la larga investigación llevada a cabo en Gran Bretaña sobre la muerte, llegó a la conclusión de que no existían pruebas de que hubiera sido un asesinato. La investigación francesa llegó a la conclusión de que la causa fue el exceso de alcohol del conductor. El misterio seguirá eternamente, como en el caso de John F. Kennedy. Porque motivos para dudar hay. Y muchos.

miércoles, 15 de julio de 2015

LIBROS PARA EL VERANO: "El sommelier de almas", una impactante novela negra



Permitidme que de vez en cuando comparta algunos libros que he leído, me han gustado y merece la pena dedicarles unas horas de asueto para disfrutar. “El sommelier de almas”, Editorial Círculo Rojo, pertenece al género negro, pero contiene en su interior algunas sorpresas, que no desvelaré, típicas de otro tipo de novelas.
Me atrapó al principio y me entusiasmó al final. Habla de la vida de dos hombres muy diferentes. Uno obsesionado con la muerte de la mujer que le había enamorado y cuya pérdida no ha podido asimilar. El otro un policía joven y luchador que por las casualidades que se dan en la vida se infiltra en una banda criminal muy peligrosa.
La felicidad es uno de los principales temas que navega a lo largo del libro. Esa felicidad que todos buscamos y que a veces resulta tan complicada de encontrar. Los dos hombres la persiguen intensamente, pero su forma de afrontar la vida les llevará por senderos complicados en los que la toma de decisiones determinarán su futuro, muy distinto a lo que los dos esperan.
La trama está muy bien escrita, las sorpresas son continuas y el final es impredecible. Una lectura más que interesante.
También me gustaría hablar de su autor, Manuel Álvarez-Xagó. Este joven licenciado en Derecho, es policía y conoce sobradamente los detalles de la trama que construye. Su futuro en el mundo de la literatura es innegable, respaldado por el éxito que ya consiguió con su primera novela “La sonrisa del vencido”, editada por La Esfera de los Libros.

jueves, 9 de julio de 2015

"No me conviene que me vean contigo" (Por qué nos da miedo el CNI-CESID y II)

Los directores del CNI –el dios “RA” o “1B” en la terminología en clave de hace años- que ha habido en los últimos años han aportado sin duda su granito de arena a la modernización. Jorge Dezcallar lavó la cara con dos decisiones importantes: cambió de Cesid a CNI y metió a un magistrado del Supremo en el trabajo diario del servicio. Salió como casi todos por la puerta de atrás por el fallo de no haber podido evitar los atentados del 11-M.
Alberto Saiz llegó con mucho entusiasmo, hizo un gran trabajo de potenciación del servicio contratando gente valiosa y adquiriendo medios materiales importantes, pero cesó a tantos mandos de cierto nivel que organizaron una revuelta silenciosa –como son todas las del servicio secreto- y filtraron todas las informaciones negativas que pudieron encontrar sobre él hasta conseguir su dimisión.
Félix Sanz fue un retroceso en la tan deseada en su momento llegada de civiles al cargo de director. Sabe maniobrar y conspirar, ha conseguido “enamorar” a la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, y ha tenido la suerte de que le han acompañado los éxitos de sus 3.500 agentes.
El Gobierno de Rajoy quería que frenara la independencia de Cataluña, pero no lo ha conseguido. Los mandos del CNI han obtenido mucha información perjudicial para los independentistas y han informado al Gobierno con anticipación de cada uno de los pasos que iban a dar. Igual que han llevado a cabo misiones secretas de espionaje que han facilitado, por ejemplo, el nombramiento con ciertas garantías de determinadas personas por el Gobierno.
Los controles democráticos que pedía en la primera edición de este libro se han llevado a cabo en dos terrenos: la comisión del Congreso que controla sus actividades y el juez que les autoriza los pinchazos telefónicos y las entradas en domicilios.
La realidad es que la Comisión de Fondos Reservados recibe información muy puntualmente por parte del director del CNI o de la Vicepresidenta, pero nadie se atrevería a sentenciar que el Congreso de los Diputados ejerce un control parlamentario sobre las actividades del CNI.
Y el magistrado del Tribunal Supremo autoriza montones de actividades del CNI, con lo cual da cobertura legal a los agentes que las ejecutan. Una cobertura que es imposible confirmar si se ajusta a lo establecido por la ley, porque no hay posibilidad de control externo. Solamente nos enteramos, por poner un ejemplo, de que el llamado “Pequeño Nicolás” tuvo sus conversaciones intervenidas por orden del magistrado adscrito al CNI, cuando a la Policía nunca se le habría ocurrido acudir a un juez porque se las habría negado.
El libro concluye con el tema con el que ha arrancado este prólogo: las presiones sobre los medios de comunicación para que no publiquen las informaciones que les perjudican o que difundan las que a ellos les interesa. Para conseguirlo no sirve cualquiera. La primera persona que el entonces director del Cesid, Emilio Alonso Manglano, envió para relacionarse conmigo cuando trabajaba en el semanario Tiempo, Manuel Rey, no era periodista y sí un profesional de la milicia y del espionaje. Fue honesto y sincero: nunca me pidió que mintiera, nos ayudamos cuando los intereses de ambas partes así lo aconsejaban y yo publiqué lo que consideraba que la opinión pública necesita saber, aunque a él le pareciera mal. Nunca telefoneó a mi director para pedirle mi cabeza cuando alguna de mis informaciones no le gustaba.
Pasen y lean. Así es como yo veo la necesidad de controlar a una institución que por su propia configuración tiende a ir a su aire y a actuar sin seguir algunas normas de los regímenes democráticos.

martes, 7 de julio de 2015

Por qué nos da miedo el CNI-CESID (I)

Acabo de publicar en los portales digitales mi libro "Por qué nos da miedo el CNI-CESID", un trabajo sobre el comportamiento de los servicios secretos españoles y los problemas que plantea de cara a la sociedad democrática en la que vivimos. Para esta edición he escrito un prólogo especial cuya primera parte reproduzco a continuación:
“No me conviene que me vean contigo”. El hombre de la máxima confianza del director del Centro Nacional de Inteligencia, Félix Sanz, me lanzaba el improperio una mañana del año 2014, cuando tras discutir por teléfono de una forma airada por el contenido de una de mis informaciones, le proponía limar nuestras diferencias quedando a desayunar.
Visto con la distancia que ofrece el paso del tiempo, el ex periodista metido a sucedáneo de espía, que pone en segundo lugar el derecho a la información para primar el deseo de cualquier agencia de espionaje de intentar controlar la información que sale en los medios de comunicación, cometió los mismos errores que algunos de sus antecesores y unos poquitos más. Para servir al espionaje, sus jefes le exigen juego duro y sucio, lo que le acerca a la figura del espía que siempre quiso ser, pero le aleja del papel de periodista. Quizás se equivocó al elegir profesión.
15 años después de la publicación del libro “Por qué nos da miedo el Cesid”, ahora llega a las librerías digitales “Por qué nos da miedo el CNI-Cesid”, que retoma la investigación que realicé en su momento y al que hemos añadido este prólogo especial.
Estudié en su momento el funcionamiento del servicio de inteligencia, llamado entonces Cesid, para tratar de esclarecer desde un punto de vista teórico sus aspectos más conflictivos. Para ello, llené cada una de sus páginas de operaciones, sucesos, anécdotas y vivencias personales, con el objetivo de explicar qué es lo que funcionaba bien de la agencia de espionaje y qué lo hacía mal o era un absoluto desastre.
He leído cada una de sus hojas y la foto fija publicada en su momento sigue sosteniéndose en su mayor parte. Casi diría que por desgracia, pero el paso de los años me ha enseñado que los servicios de inteligencia de todo el mundo tienen una forma de actuar connatural a su existencia y que no puede ser cambiada.
Si leemos los títulos de los cinco grandes capítulos, veremos que la conclusiones de entonces siguen siendo las conclusiones de hoy:
1. Las misiones importantes están siempre fuera de la ley.
2. El tenderete de RA.
3. El juguete del Gobierno.
4. Ni siquiera una democracia puede controlarles.
5. La prensa, controlada despiadadamente.
Los ejemplos con los que expliqué en su momento cada una de esas crudas afirmaciones, pertenecen a una época de nuestra historia que servirá para que el lector se haga una idea clara de cómo actúa el servicio secreto en las alcantarillas. Y el análisis de quien suscribe -al que mi querido amigo el periodista encubierto Antonio Salas se empeña en poner el calificativo de “Mayor espiólogo de España”-, sigue siendo válido, ha cambiado muy poco.

Digan lo que digan directores como Félix Sanz en defensa de la estricta legalidad de las actuaciones del CNI –por cierto, como han defendido todos y cada uno de sus antecesores-, el hecho es que La Ley de Secretos Oficiales les sigue sirviendo de parapeto para ocultar un trabajo sin duda necesario para una democracia, pero que con frecuencia requiere métodos ilegales, como explico en el capítulo 1. (continuará)

lunes, 22 de junio de 2015

Marita Lorenz, la amante de Fidel Castro que mandó la CIA para asesinarle

Marita Lorenz ha escrito su biografía –“Yo fui la espía que mandó al comandante,” editada por Península- y me he quedado pasmado. Su historia es mucho más dramática de lo que nunca pude imaginar. Marita nació en Alemania en 1939, y con pocos años vivió en un campo de concentración. La liberación fue para ella algo horrible pues un sargento del ejército americano la violó cuando solo tenía siete años.
A los 19 su vida cambió radicalmente cuando conoció a Fidel Castro. Se hicieron amantes y pasó con él unos meses de profundo enamoramiento. En mayo de 1959 descubrió que estaba embarazada. Fueron meses felices en los que el comandante la cuidaba y vivía con él en el hotel Habana Hilton.
Marita se adaptó perfectamente a las costumbres cubanas, solía ir vestida con el uniforme revolucionario e hizo muchos amigos y otros que solo buscaban acercarse a ella por su relación con Fidel. Uno de ellos se hacía llamar Frank Fiorini, un agente de la CIA que se hacía pasar por revolucionario y que la presionaba continuamente para que le pasase información sobre Castro. Marita era demasiado joven e inexperta y le ayudó, aunque convencida de que la información que le pasaba carecía de utilidad.
En otoño de ese año, Fidel estaba de viaje y Marita pidió desde la suite que compartía con él que le subieran el desayuno. Tras beberse la leche perdió el conocimiento. No lo recobró hasta unos días después en el mismo hotel, pero en una habitación mucho peor. Tenía dolores insoportables en el vientre, sangraba abundante y se dio cuenta de que ya no llevaba en el interior a su hijo. 
Tuvo fuerzas para llamar a un conocido, Camilo Cienfuegos, que lo organizó todo para que saliera de Cuba y fuera trasladada a un hospital de Nueva York, donde le salvaron la vida. Cuando estuvo recuperada, el FBI y la CIA desplegaron todo su esfuerzo en convencerla de que le habían practicado un aborto a lo bestia y que el responsable era Fidel Castro. Ella se negó a aceptarlo, seguía locamente enamorada del revolucionario.
Durante meses, intentaron hacerle un lavado de cerebro para que se involucrara en los planes del espionaje estadounidense contra Castro, en lo que habían bautizado como “Operación 40”. A la CIA se habían unido exiliados cubanos, mafiosos que perdieron sus negocios en Cuba y mercenarios.
No tardaron mucho en convencerla para que asesinara a Castro. El método resultaba bastante sencillo. Le entregaron dos píldoras que debía disolver en la bebida que le preparara al cubano. Marita aceptó, aunque no tuvo intención de hacerlo. De hecho, aunque hubiera querido no habría podido intentarlo: escondió las píldoras dentro de una crema para la cara y cuando llegó al hotel de La Habana, se habían disuelto.
Cuando la vio, por sorpresa Castro le preguntó si la habían enviado para matarle, ella le dijo que sí y el revolucionario le entregó su pistola para que le disparara. Marita nunca lo habría hecho. Ah, 20 años después, Marita descubrió que no le habían practicado un aborto. Fidel Castro le presentó en la Habana a su hijo Andrés.

viernes, 5 de junio de 2015

Las nueve operaciones más absurdas del espionaje mundial y español

Las siguientes operaciones que dan risa, llevadas a cabo por varios servicios secretos, las escribo a petición de un seguidor. Que las disfrute él y todos vosotros.
LA GABARDINA DE JOSEP PLA

-Invierno 1937. El escritor Josep Pla trabajaba para el servicio secreto de Franco y mandó lo que sus jefes en España interpretaron como un mensaje enigmático: necesito una gabardina. Los analistas le dieron mil vueltas, era evidente que era un mensaje en clave de que necesitaba ayuda, alguien que le protegiera. Pero, ¿qué es lo que le pasaba? Le enviaron un grupo de apoyo, que sin él saberlo le estuvo siguiendo para detectar amenazas. Al final se acercaron en secreto a él y le preguntaron si le habían descubierto, si había recibido amenazas. Él contestó: “llueve mucho y no tengo dinero para comprarme una gabardina”.

VUELO A LA LUNA PARA ACABAR CON CASTRO

-“Operación Mangosta” para acabar con Castro. El astronauta John Glenn fue lanzado a la luna en 1962 y alguien propuso en EEUU que si el viaje salía mal –fue un éxito- debían contar que fue debido a interferencias electrónicas contra la nave producidas en Cuba, que prácticamente no sabían en aquel momento lo que era la electricidad.

EL GATO ESPÍA: “OPERACIÓN GATITO ACÚSTICO”

Muchos de los inventos de la CIA han sido poco exitosos. Y a veces han cometido locuras absurdas a lo grande. Uno de ellos es un proyecto secreto que hemos conocido tras ser desclasificado.
Todo ocurrió en plena Guerra Fría, en 1962, durante los momentos de máxima tensión entre los servicios de inteligencia norteamericanos (CIA) y los rusos (KGB). Ambas potencias no escatimaron un centavo al invertir en tecnología, sobre todo si esta permitía interceptar las comunicaciones del enemigo y obtener información privilegiada.
Ese era precisamente el objetivo de la operación ‘Gatito Acústico’ (Acoustic Kitty), un ambiciosos proyecto de la CIA que pretendía convertir a un gato en el espía perfecto.
Los científicos estaban convencidos de que nadie se percataría de la presencia de una mascota y que el felino podría acercarse lo suficiente a los espías rusos como para grabar sus conversaciones y revelar los planes ultra secretos de los comunistas.
Durante cinco años experimentaron quirúrgicamente con un gato al que le instalaron un micrófono diminuto en su pabellón auditivo. Fue necesario practicarle varias cirugías antes de comprobar que daba resultado.
También le implantaron al felino un cable que recorría toda su columna vertebral hasta llegar a la punta de su cola, que hacía las veces de antena, y otro cable que llegaba hasta el pecho, donde le insertaron un transmisor y las baterías.
Una vez lograron que el sofisticado sistema de espionaje funcionara hicieron las primeras pruebas con el gato, que fueron un rotundo fracaso. El animal, en vez de acercarse a los espías, se distraía con los árboles y los objetos que se topaba en el camino y ante el menor olor a comida se largaba.
Entonces los científicos operaron nuevamente al animal para anular en su cerebro la sensación de hambre. Y en cuanto a su atención dispersa, sometieron a la mascota a un intenso proceso de adiestramiento para que no se distrajera con ningún otro estímulo y se dirigiera directamente hasta el punto indicado por su entrenador y permaneciera rodeándolo por horas hasta grabar toda la conversación entre los espías enemigos.
En total el entrenamiento y las intervenciones médicas del gato tardaron 5 años y costaron cerca de 20 millones de dólares.
El felino finalmente estuvo listo. La CIA supo que dos espías rusos se iban a reunir en un parque cerca de la Embajada de la Unión Soviética y pensaron que era la ocasión perfecta para estrenar su nuevo agente felino y enviarlo para interceptar la conversación.
El dispositivo se puso en marcha y los agentes de la CIA, camuflados en una camioneta al otro lado de la calle, liberaron al gato para que se acercara a los dos hombres y les entregara información privilegiada.
Sin embargo, se les escapó un pequeño detalle. Durante el entrenamiento intensivo del gato, nadie le enseñó a cruzar la calle así que el felino no se fijó y se lanzó de inmediato a la carretera, directo a su objetivo, con la mala suerte de que un taxi pasaba a toda velocidad y lo arrolló.
Todo ocurrió tan rápido que los agentes no pudieron reaccionar y cuando salieron del vehículo se toparon con el cadáver del animal tendido a mitad del camino. Impactados por el rotundo fracaso de la misión, no tuvieron más remedio que recoger el cuerpo y marcharse.
Llegaron a una tremenda conclusión: para nuestros propósitos usar un gato espía no es viable.


COLOCAN MICROS EN LA HABITACIÓN DE OBIANG (QUE NO ES)

-Julio 1983: Visita a España del mandatario de Guinea y el CESID que quiere enterarse de sus conversaciones secretas en Madrid. Hablan con el hotel y consiguen el listado de las habitaciones que van a utilizar él, su séquito y los escoltas. Colocan micros en la habitación del presidente y contratan la que está encima para la recepción de la conversación. Cuando llegan escuchan las conversaciones de los escoltas, pero ni una palabra de Obiang, que había preferido instalarse en otra habitación.

1987: UN COLEGIO DE NIÑAS

-Tres hombres de Manuel Challud, jefe de la Contrainteligencia soviética, seguían en la primavera a un correo del KGB en Madrid, que tras las maniobras de despiste, se dirigió al volante de su Volvo hacia el monte de El Pardo. Allí escondió un paquete en el agujero perforado en un árbol. Los agentes del CESID le dejaron ir, pues ya le tenían controlado, y se dedicaron a esperar al receptor. Era cuestión de tiempo. Estuvieron allí tres días y tres noches agazapados. Al cuarto día llegó un colegio de niñas, les pareció una coincidencia y absurdo que alguna trabajara para el KGB. Cuando se fueron descubrieron que el paquete no estaba.

MI PRIMER CONTACTO CON UN DIRECTOR DEL SERVICIO SECRETO

-Agosto 1991: curso de Verano de la Complutense en El Escorial. Era la primera vez que iba a coincidir con el director del CESID, Manglano, tras mucho tiempo ejerciendo el control sobre sus actividades. Estaba tan nervioso, que cuando me dijeron que llegaba me bajé al baño y cuál sería mi sorpresa cuando a los pocos segundos apareció Manglano y nos encontramos orinando uno junto al otro. Me miró, sonrió y dije “buenas tardes”.

ESPIONAJE A PEROTE Y A MÍ

         Corría el año 1995 cuando tuve acceso al dosier que el CESID hizo a Perote antes de invitarle a irse en 1990, en el que le acusaban de un montón de cosas. Una de ellas era de haberme filtrado cuando escribía en Tiempo un informe sobre un seguimiento a etarras en el sur de Francia. Los miembros del Servicio de Seguridad habían llegado a esa conclusión que reforzaba los datos de que era un traidor. ¿Qué había pasado en Realidad? Que el director, Emilio Alonso Manglano, había mandado un motorista que en persona subió a la planta de Tiempo para entregárselo al director, Pepe Oneto, y este me lo había entregado en persona delante de toda la redacción. ¡Qué bien lo hizo Manglano!, no le descubrió ni su propio Servicio de Seguridad.

EL FALLIDO ASESINATO DEL MOSSAD

-Uno de los mayores escándalos del Mossad, fue una operación con un resultado totalmente absurdo.
En la mañana del 25 de septiembre 1997, dos agentes del Mosad que portaban pasaportes canadienses se abalanzaron sobre el portavoz de Hamas y uno de sus líderes más destacados, Khaled Mishal, cuando se disponía a entrar en su oficina, en la avenida Wasfi Al Tal, una de las principales arterias de la capital jordana, Amman.
Mishal forcejeó con sus atacantes que iban apoyados por otros agentes del Mosad que vigilaban la zona. El dirigente de Hamas echó a correr calle abajo mientras empezaba a sentir como un pinchazo en su cuello.
Durante el forcejeo entre Mishal y sus dos atacantes apareció otro miembro de Hamas que al parecer era su guardaespaldas, con el que no habían contado. Les atacó, escapándose ambos hacía el coche que les esperaba cerca y que intentaba alejarse del lugar en medio de un intenso tráfico.
Abu Seif corrió largamente detrás del coche de los israelíes, sin que estos se percataran de ello. Y cuando pensaron que ya estaban a salvo abandonaron el coche y empezaron a caminar precipitadamente, tal vez hacia otro coche que les esperaba. Pero Abu Seif les alcanzó y se libró entre él y ellos una lucha en plena calle lo que atrajo la atención de la gente que se agolpó alrededor de ellos deteniendo finalmente a los dos extranjeros y entregándoles a la policía.
Mientras, Khaled Mishal había sido trasladado a un hospital, donde entró en coma. Los médicos que le atendieron aseguraron que le había sido inyectada una sustancia venenosa que no podían identificar y que moriría en unas horas si no se le suministraba el antídoto de ese veneno.
Enterado el Gobierno de Amman de lo sucedido informó al monarca jordano, Husein, quien reaccionó firmemente hacia Israel exigiendo al entonces primer ministro, Benjamin Netanyahu, el envío inmediato del antídoto para salvar a Mishal y la puesta en libertad inmediata del líder de Hamas, jeque Ahmad Yasin, que se encontraba en una cárcel israelí.
Netanyahu llevó a cabo sin titubeos lo que pedía el monarca jordano, y en pocas horas el jeque Ahmad Yasin fue llevado a Amman, junto con el antídoto con el que se salvó la vida de Mishal.

DETENCIÓN DE UNO DE LA CIA EN MOSCÚ

-13 de mayo de 2013: La detención en Moscú de un agente de la CIA fue muy cómica. La operación de detención del espía estadounidense, Ryan Christopher Fogle, al que Rusia devuelve generosamente a su patria. Un diplomático real con dos pelucas, una rubia y una morena, anda por Moscú con el mapa de la ciudad, varios pares de gafas y una brújula en sus manos esperando reclutar a un ruso del FBS experto en antiterrorismo. No lleva teléfono móvil, para no ser detectado.
En los bolsillos lleva billetes de 500 euros y una carta destinada al supuesto reclutado. A eso de la medianoche, el espía estadounidense llama por teléfono al oficial del Servicio Ruso de Seguridad (FSB) que anteriormente ya ha renunciado a reunirse, y vuelve a insistir en el encuentro.
Se podría entender esto si este oficial del servicio ruso de seguridad fuese una mujer o si Ryan Christopher Fogle, que ocupaba el puesto del tercer secretario de la sección política de la embajada estadounidense, fuese de orientación homosexual: uno bien puede perder el juicio por la pasión.
Las fotografías desde el lugar de detención fueron divulgadas en los medios de información y el respectivo vídeo fue publicado en Internet.